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title: "Dejó Buenos Aires para descansar y terminó volviendo a hacer lo que ama"
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description: "Después de muchos años al frente de un gimnasio en Buenos Aires, Alejandra Larrea llegó a Villa Rumipal pensando en cerrar una etapa. Pero encontró una nueva oportunidad para volver a enseñar, bailar y construir un espacio de encuentro para la comunidad."
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date_published: "2026-09-17T20:56:00-03:00"
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author_name: "Antonella Nuñez"
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author_bio: "Periodista oriunda de Calamuchita, con orientación en deportes."
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# Dejó Buenos Aires para descansar y terminó volviendo a hacer lo que ama

## Un nuevo comienzo

En 2025, Alejandra Larrea cerró su gimnasio en Buenos Aires después de muchos años de trabajo y llegó a Villa Rumipal con una idea clara: descansar y comenzar una nueva etapa.

Sin embargo, al instalarse en la localidad descubrió que algo todavía estaba pendiente. Extrañaba las clases, el contacto con la gente y esa energía que durante tantos años había formado parte de su vida.

> “Creí que venía al pueblo a jubilarme. Vine acá y vi que faltaba esa mirada como la que yo veía en las clases. Un día no dormí en toda la noche pensando qué podía hacer y al otro día amanecí con la idea clara”.

Así comenzó a buscar un espacio donde pudiera volver a dar clases. La oportunidad llegó a través de la Municipalidad y el Club Náutico Rumipal, donde actualmente desarrolla sus clases de zumba.

## Una clase para todos

Uno de los principales objetivos de Alejandra es acercar la actividad física a personas que quizás nunca se animaron a ir a un gimnasio o que llevaban años sin realizar ejercicio.

La música y el baile se convirtieron en una puerta de entrada para muchas mujeres y adultos mayores que encontraron en las clases un espacio para moverse, divertirse y compartir con otras personas.

> “La primera clase es clave. Si superan la primera clase, en la segunda se sienten parte y empiezan en la aventura de descubrir que se pueden mover y que es para ellos”.

Alejandra cuenta que sus alumnas incluso bautizaron ese momento como “la hora feliz”, una expresión que resume el espíritu que busca generar en cada encuentro.

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## Más que una clase

El proyecto también comenzó a trascender el horario de zumba. Con la intención de fortalecer los vínculos entre quienes participan, Alejandra impulsó encuentros mensuales que reúnen a las alumnas, sus familias y amigos.

La primera juntada convocó a unas 60 personas y, ante la respuesta recibida, decidieron trasladar la propuesta al propio Náutico Rumipal, al que Alejandra define como “nuestra casa”.

La iniciativa fue creciendo y ya lleva varias ediciones, con comida, música, baile y la posibilidad de compartir fuera de la clase.

> “No solamente la Zumba: vos venís a Zumba, traé a tu marido, a tu hermana, a tu cuñada, a quien quieras, a tu vecina. Y hoy se hace una movida espectacular”.

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## Volver a empezar

A los 57 años, Alejandra decidió volver a apostar por una profesión que pensaba dejar atrás. Lo hizo desde otro lugar y con una mirada diferente: ya no busca solamente enseñar gimnasia y danzas, sino generar un espacio abierto para todos.

Su deseo es continuar creciendo junto a las personas que se acercan y mantener vivo ese vínculo que comenzó a construir desde su llegada a Rumipal.

> “Yo quiero seguir creciendo y quiero seguir llegando a todos ellos y quiero que mientras me dé el cuerpo pueda estar ahí disfrutando con ellos”.

Después de tantos años de trabajo, Alejandra descubrió que aquella pasión que pensaba dejar en Buenos Aires todavía estaba intacta. Solo necesitaba un nuevo lugar para volver a empezar.

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