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“Hoy leí un poema de Zambra”: Marcos J. Villalobo reconstruye la infancia y la memoria desde la mirada del juego

El texto recupera escenas de la niñez vinculadas al juego, la familia y la muerte, a partir de la lectura de un poema, y construye una mirada sobre el “país de los niños” como espacio simbólico compartido.
14 de abril de 2026Mario Pablo LópezMario Pablo López
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El recuerdo como territorio de la infancia

El relato de Marcos J. Villalobo se organiza a partir de una experiencia cotidiana: la lectura de un poema de Alejandro Zambra. Desde ese punto inicial, el texto se desplaza hacia recuerdos personales donde la infancia aparece como un espacio colectivo, atravesado por juegos, vínculos familiares y rituales. La evocación del cementerio, lejos de lo solemne, se integra a una lógica infantil donde el juego y la imaginación resignifican incluso la muerte, construyendo una narrativa donde pasado y presente conviven.

                                      Hoy leí un poema de Zambra

                                                              Por: Marcos J. Villalobo

Hoy leí un poema de Zambra que habla de un niño
y entonces imaginé a mis sobrinos
su infancia, su inocencia, sus juegos, sus risas,
sus silencios

En el poema de Zambra el niño es empático
y pregunta, 
se preocupa, 
y habla del país de los niños

El país de los niños:
recuerdo ese tiempo infante
donde los juegos eran entre todos
y para todos

Hoy leí un poema de Zambra y recordé el cementerio de La Cruz
cuando iba con mi nona a visitar a los abuelos
Íbamos con los primos, y jugábamos con respeto
entre tumbas y miedos

 A veces aparecía un perro que movía la cola
Otras veces un gato
Y si era negro 
nos asustábamos

En el poema de Zambra el nene juega 
con un Garfield de peluche
En el juego de mis sobrinos juegan con la Vaca Lola
Y en mis sueños extraño a mis nonas…

Es que a veces mis nonas se prendían en los picados
Sí, primero nos retaban:
“Que eso no se hace”
“Que hay que respetar a los muertos”.

Pero, después, mi primo le tiraba la pelota
y entre ellas se daban pases
Después jugábamos un coca-cola
entre primos y nonas

No había goles
Había pases
Pases y más pases
Tica, tac, tomala vos, dámela a mi

Después comíamos un pan casero
Ellas tomaban mate, nosotros jugo
nos persignábamos
y volvíamos a casa

Leí un poema de Zambra y recordé
la tumba de un nene, también
porque una tarde jugamos con él.
En el país de los niños se puede dar pases sin la necesidad de estar vivos.

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