
Sangrías y terrenos de infiltración: cómo el suelo completa el tratamiento y devuelve el agua depurada a la tierra
Natalia Meli

El tratamiento empieza antes de la sangría
Para entender la importancia de la etapa final del tratamiento de las aguas residuales domiciliarias Víctor Klewzyc, representante de Conmark en Calamuchita, afirma que no se puede analizar la infiltración de manera aislada. La cámara séptica y el tratamiento previo son fundamentales para que el terreno no reciba una carga de sólidos que termine provocando su colmatación.
“La cámara séptica es el corazón del sistema”, señala. Se trata de un compartimiento cerrado que permanece lleno y trabaja por rebalse: mientras ingresa agua desde la vivienda, una cantidad equivalente sale hacia la siguiente etapa. Los sólidos más pesados se depositan en el fondo, los más livianos forman una costra superficial y en el medio queda una fase líquida con partículas pequeñas.

Cuando la cámara está correctamente dimensionada y dispone del tiempo de residencia necesario, los microorganismos actúan sobre los sólidos y los transforman en líquidos depurados. Esos líquidos pueden dirigirse luego hacia una infiltración, una sangría, un lecho de infiltración o una etapa secundaria de tratamiento.
Klewzyc explica que el mantenimiento biológico es fundamental porque las poblaciones microbianas que se generan naturalmente en la cámara no serían suficientes para sostener por sí solas el proceso.
“Necesitamos estar incorporando microorganismos en forma permanente”, sostiene. Y agrega que los microorganismos utilizados por la Fundación Conmark Argentina incluyen organismos “aeróbicos, anaeróbicos y facultativos que trabajan dentro de toda la cámara”.


Separar las aguas para proteger el sistema
Klewzyc plantea que la eficiencia de la infiltración también depende de cómo se manejen los distintos tipos de aguas dentro de la vivienda. “Una construcción hoy si hay que hacerla nueva, la sugerencia es primero separar aguas, tratar el agua de la cocina por un lado y del baño por otro”, explica.
La razón es que los efluentes de cocina tienen características diferentes. “Si separamos cocina de baño, tenemos dos tratamientos diferenciados porque una cosa es tratar el residuo cloacal y otra es tratar el residuo de una cocina que tiene muchos otros componentes, sobre todo mucho contenido de grasas, que son las que primero impermeabilizan las paredes de un sistema de absorción”. Por esta razón, el agua de cocina debe pasar previamente por una grasera correctamente dimensionada antes de llegar a la cámara séptica general.

El filtro de salida: una barrera antes de la sangría
Hay otro elemento que puede resultar decisivo para proteger el terreno de infiltración: el filtro ubicado a la salida de la cámara séptica. Este componente es fundamental porque, si eventualmente se produce una falta de acción biológica y el filtro se obstruye, puede limpiarse sin necesidad de reemplazar la sangría. Su función es evitar que los sólidos pasen hacia el lecho de infiltración y terminen provocando su colapso.
Esto refuerza una idea central: una sangría no debería utilizarse como mecanismo para compensar un tratamiento primario deficiente. El objetivo es que al terreno llegue fundamentalmente líquido depurado y que las partículas que eventualmente logren atravesar el sistema sean retenidas y degradadas en el propio suelo.

La sangría no es un simple lugar de descarga
La función de la sangría es distribuir el efluente previamente tratado para que pueda infiltrarse progresivamente en el suelo. No se trata de descargar el agua en un pozo, sino de generar una superficie de contacto suficientemente amplia para que el terreno pueda cumplir su función depuradora.
En este punto, el diseño de los caños adquiere especial importancia. La recomendación técnica establece que deben utilizarse caños de 110 milímetros de diámetro, tapados en el extremo y con una doble hilera de perforaciones laterales.
Los orificios deben tener 12 milímetros de diámetro y ubicarse cada 20 centímetros, en el centro lateral de los caños. La razón de que las perforaciones estén a los costados y no en la base es evitar que se obstruyan con el paso del tiempo.
El sistema también requiere una pendiente determinada. La inclinación o caída del caño debe ser del 1%. Esto es para permitir que el líquido fluya en forma lenta y salga por todos los agujeros a la vez, y que el lecho de absorción sea aprovechado en su totalidad.

¿Qué sucede cuando el líquido llega al suelo?
La etapa más importante ocurre una vez que el efluente abandona los caños y entra en contacto con el terreno. El suelo por debajo del terreno de infiltración realiza un tratamiento físico de filtración y otro biológico de degradación bacteriana.
Es decir, el suelo cumple dos funciones complementarias. Por un lado, sus partículas actúan como una barrera física. Las pequeñas partículas sólidas que eventualmente hayan atravesado las etapas anteriores quedan retenidas entre los granos del suelo. Por otro lado, interviene la actividad de los microorganismos nativos. Esas partículas retenidas son degradadas biológicamente, completando el proceso de depuración.
El resultado esperado es que, después de atravesar ese proceso, las aguas residuales ya depuradas continúen su recorrido hacia las aguas subterráneas.

El problema de las instalaciones antiguas
Klewzyc advierte que una parte de las construcciones existentes presenta sistemas sanitarios que fueron realizados sin criterios adecuados. “En la mayoría de los casos las construcciones sanitarias fueron hechas en forma errónea, muchas de ellas por desconocimiento, no por mala intención”.
Frente a estas situaciones, considera que la respuesta no pasa por soluciones improvisadas. Siempre es posible mejorar y corregir los sistemas existentes. Si una cámara no cuenta con el volumen necesario, por ejemplo, puede agregarse otra cámara conectada en serie para alcanzar el tiempo de residencia requerido. También plantea que los sistemas ya construidos deben ser evaluados y, cuando no cumplen las condiciones necesarias, realizar las modificaciones correspondientes.

Evitar que los residuos lleguen a las napas
La preocupación ambiental detrás de todo el sistema es la protección de las aguas subterráneas que luego continúan su recorrido hacia arroyos, ríos y lagos. Klewzyc lo resume desde una perspectiva ambiental y social: “estamos destruyendo el valle. La contaminación de ríos y lagos hoy ya es muy importante y es contaminación humana”. Y agrega: “Somos nosotros con nuestro residuo los que estamos contaminando”.
Por eso, el tratamiento domiciliario aparece como una parte fundamental de la protección de las cuencas, ya que no existe posibilidad de remediar completamente los problemas de ríos y lagos si previamente no se comienza por tratar las aguas residuales en cada domicilio.

La sangría y el terreno de infiltración representan el último eslabón de una cadena que comienza dentro de la vivienda. Primero, los diferentes tipos de aguas deben ser conducidos y tratados adecuadamente. La cocina requiere una grasera; las aguas negras deben ingresar a la cámara séptica; en esa cámara los microorganismos degradan la materia orgánica; un filtro de salida impide el paso de sólidos; y finalmente el líquido llega al terreno de infiltración. Allí comienza el trabajo silencioso del suelo: filtra físicamente y permite la degradación bacteriana de las pequeñas partículas que hayan podido atravesar las etapas anteriores.

La clave, entonces, no está únicamente en construir una sangría, sino en diseñar un sistema completo y adaptado al terreno, mantenerlo biológicamente activo y evitar que productos o prácticas inadecuadas destruyan el equilibrio del proceso.
“Jamás usar lavandina. Si hay una tapadura, jamás poner soda cáustica, o sea, ningún agente químico, ningún biocida, nada que me afecte la actividad biológica dentro de esa cámara”, advierte Klewzyc. Lo que sirve es agregar microorganismos regularmente tanto en la grasera como en la cámara séptica y utilizar productos de limpieza biodegradables y compatibles con ellos.
El terreno, en esa cadena, no es el lugar donde termina el problema: es la última etapa natural de un proceso que, bien diseñado, permite que el agua continúe su recorrido con una carga contaminante mucho menor.
INFORMACIÓN ÚTIL
Contacto: @conmark.calamuchita
Whatsapp: 3546407769




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