
Lorenzo Bornard, de Embalse a Ecuador: ''Dejar a mi familia es algo duro''
Gonzalo Simonini

Lorenzo Bornard, un delantero de 22 años que juega en Ecuador, vive una historia que va más allá de las estadísticas. Alejado de su hogar y de su familia, ha enfrentado desafíos para cumplir su sueño de ser futbolista profesional.
Hay historias que se explican con estadísticas, goles y partidos. Y hay otras que necesitan algo más. La de Lorenzo Bornard es de esas que no pueden entenderse solamente desde lo deportivo, porque detrás del delantero que hoy juega en Ecuador existe un joven que tuvo que aprender a crecer lejos de su casa, de sus amigos y de su familia para intentar cumplir un sueño.
Bornard tiene 22 años y hace un año y medio que vive en Ecuador. Sin embargo, su historia con la pelota comenzó mucho antes, en Embalse y con la camiseta de Fitz Simon, el club donde dio sus primeros pasos y donde, según recuerda, comenzó a jugar cuando apenas tenía tres o cuatro años. “Yo empecé jugando ahí, en el club de donde salí, nací”, contó.
Desde aquellos primeros años tuvo claro cuál era su lugar dentro de la cancha. Siempre fue delantero, especialmente nueve de área. Su contextura física y su facilidad para convertir goles hicieron que rápidamente encontrara en el fútbol una pasión que con el tiempo se transformaría en un objetivo de vida.
En Fitz Simon completó su recorrido hasta la Sub-17 y llegó a debutar en Primera. Pero a los 16 años apareció la primera gran decisión: dejar Embalse para continuar su formación en Rosario.
De Embalse a Rosario
El destino fue Renato Cesarini, donde permaneció durante uno o dos años y compitió en la Liga Rosarina de Fútbol. Allí comenzó a enfrentarse a otros equipos y a vivir experiencias que hasta entonces parecían lejanas.
Jugó contra Tiro Federal y tuvo la posibilidad de medirse con las categorías de Rosario Central y Newell's. Luego llegó Unión de Santa Fe, donde continuó su formación en inferiores bajo el sistema de AFA. En el club santafesino alcanzó la cuarta división y tuvo además algunos entrenamientos con Reserva y Primera. El debut profesional no llegó en aquella etapa, pero sí quedó algo que para Bornard tiene un valor enorme: la experiencia.
“Fue muy lindo viajar por toda Argentina, jugar contra Boca, River, Talleres”, recordó. Los viajes, las concentraciones y las horas compartidas con sus compañeros son momentos que se volvieron esenciales en su formación. Porque el fútbol juvenil también se construye fuera de la cancha.
El sacrificio que no aparece en una planilla
Para llegar hasta allí, Lorenzo no estuvo solo. Su familia acompañó cada uno de sus pasos desde el comienzo. Su papá, sus dos hermanas, sus tíos y sus demás familiares fueron parte fundamental de este camino que comenzó en Embalse. Cuando llegó la oportunidad de marcharse a Rosario, el desafío no fue solamente futbolístico; también implicó dejar su casa.
“Mi familia desde el día que empecé a jugar me estuvo acompañando”, contó. Para su mamá, especialmente, la decisión fue difícil. Lorenzo es el menor de tres hermanos y el único varón. Sin embargo, todos entendieron que aquella posibilidad podía ser importante para su futuro y decidieron apoyarlo. “Es el sueño de uno”, resumió.
Con el paso de los años, ese sacrificio se hizo aún mayor. Lorenzo también tuvo que alejarse de sus amigos y completar el último año de la secundaria de manera virtual, ya que se había marchado de Argentina. Pero hubo una ausencia que, según reconoce, fue especialmente difícil: la de su familia. “Dejar a mi familia lejos es algo duro”, afirmó.

Ecuador, otro capítulo de la historia
Después de su paso por Rosario y Santa Fe, apareció una nueva posibilidad. Mientras estaba en Rosario, comenzó a ser observado por un representante y firmó contrato con una agencia. La búsqueda de oportunidades llevó su nombre hasta Ecuador. Allí realizó una prueba para un club y, después de que lo vieran jugar, consiguió quedarse.
Desde entonces, transita su segunda temporada en el fútbol ecuatoriano. Primero jugó en New Sanfra, de Segunda Categoría, y posteriormente pasó a Unibolívar de Guaranda, también en esa división. El cambio de país implicó comenzar nuevamente lejos de todo lo conocido: nuevos compañeros, otra competencia y una vida a miles de kilómetros de Embalse.
A pesar de la distancia, Lorenzo asegura sentirse feliz y acompañado. Incluso pudo recibir la visita de sus padres, quienes viajaron a Ecuador y compartieron una semana con él.

Un sueño que todavía tiene muchas páginas
La situación actual no es el punto final. Para Bornard, Ecuador representa una nueva oportunidad para seguir creciendo y acercarse a objetivos cada vez mayores. Entre sus aspiraciones aparece la posibilidad de jugar en alguno de los grandes clubes ecuatorianos, como Barcelona o Independiente del Valle. También está el sueño de jugar en Primera.
Pero existe otro deseo que tiene un significado especial. Lorenzo es hincha de Boca y no oculta que uno de sus grandes sueños es jugar en La Bombonera. “Debutar y jugar en la Bombonera también sería algo único y lindo”, expresó.
Y más allá de Boca, también aparece el fútbol europeo como una meta. Sin embargo, Bornard tiene claro que para llegar a esos lugares no existen atajos. “Lo importante es la constancia, ir paso a paso, que todo al final termina llegando”, sostuvo. Es una frase que parece definir también su propio recorrido.
Un mensaje desde Ecuador para los que empiezan
Antes de finalizar, Lorenzo pensó en aquellos chicos que hoy juegan en los clubes de la región y que, como él alguna vez, sueñan con llegar al fútbol profesional. Su mensaje no habla de fórmulas mágicas: habla de entrenamiento, disciplina y sacrificio. “Que entrenen, que sean disciplinados, que hay que hacer mucho esfuerzo”, señala. También pide que quienes tengan un sueño no dejen de perseguirlo, incluso cuando el camino implique renunciar a algunas cosas. “Que no paren de buscar ese sueño que tiene cada uno, que nada es imposible en la vida, que todo se puede dar”.
Hoy, Lorenzo Bornard está lejos de Embalse. Su carrera lo llevó primero a Rosario, después a Santa Fe y finalmente a Ecuador. En el camino quedaron partidos, viajes, compañeros, amigos y momentos que ayudaron a formar al futbolista que es actualmente. Pero también quedó algo que la distancia no pudo llevarse: el vínculo con su familia y con el club donde todo comenzó.
Desde Fitz Simon hasta Ecuador, el recorrido de Lorenzo todavía está en construcción. A sus 22 años, sabe que quedan muchos capítulos por escribir. Y mientras trabaja para cumplirlos, mantiene una certeza: “Paso a paso, todo se da.”




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