
“Nunca me hubiera visto corriendo en moto”: La historia de Úrsula Vigo y el Enduro
Gonzalo SimoniniA sus 21 años, Úrsula transita un camino que combina estudio, entrenamiento y competencia. Cursa el segundo año de la Licenciatura en Psicología y, al mismo tiempo, encontró en el enduro un deporte que comenzó como un hobby y que hoy ocupa un lugar importante en su vida.
Sin embargo, llegar hasta ahí implicó dejar atrás otra parte fundamental de su historia: el patín.
Desde los cinco años y durante prácticamente toda su vida, Úrsula practicó esa disciplina. A comienzos de este año, sin embargo, tuvo que tomar una difícil decisión: los horarios de la facultad y las exigencias de ambos deportes hicieron imposible continuar con los dos. Entonces, eligió la moto.


“Fue como que toda mi vida he dedicado al patín”, recuerda al hablar de aquella etapa.
Pero el destino deportivo tenía preparado otro camino.
De acompañar a las carreras a convertirse en protagonista
Antes de convertirse en corredora, Úrsula solía acompañar a sus amigos a las competencias de enduro. Allí, comenzó a mirar las motos de otra manera.
La curiosidad se transformó en entusiasmo, posteriormente en una oportunidad. Su primera moto llegó como un regalo de su madre, y su padre tuvo un papel fundamental en ese comienzo:
“Mi papá tuvo mucho que ver en el tema de que yo corra, pueda subirme a la moto y como que arrancar a confiar en mí”, cuenta.
Fue él quien le enseñó a andar, quien la acompañó en sus primeros pasos y quien la ayudó a controlar los nervios que aparecían cada vez que debía enfrentarse a un circuito.
Porque el enduro no es solamente acelerar; también es enfrentar los propios miedos.
Los nervios la acompañan los sábados, durante las pruebas. Los domingos, en las competiciones, se mezclan adrenalina, emoción y temor. Pero algo cambia cuando la carrera comienza:
“Una vez que ya largaste y estás empezando el circuito, ya como que se relaja todo y empezás a disfrutarlo cada vez más”, explica.
En ese proceso, encontró un apoyo especial en otras mujeres que a día de hoy, se han convertido en su segunda familia y son su pilar fundamental a la hora de competir. Actualmente compite en la categoría Damas B, una división que surgió a partir del crecimiento de la participación femenina en el enduro. Aquí, ha forjado lazos con compañeras que comparten entrenamientos, carreras y, sobre todo, apoyo. Ellas son:Sofía Lauretti, Érica Castillo, Leyla Seia y Jose Gómez.
Cuando aparece una subida complicada o un sector difícil del circuito, las corredoras se ayudan entre ellas. Es una competencia, pero también una forma de acompañarse.
Su moto tiene 250 cilindradas, y sus entrenamientos incluyen gimnasio y circuitos en La Olla, Embalse y El Quebracho. La preparación física es esencial: pesas, ejercicios de brazos y trabajos cardiovasculares, todo diseñado para soportar el esfuerzo de cada carrera.
Y luego está el circuito, un terreno en constante cambio. Cada vuelta modifica el suelo, aparecen nuevas líneas y obstáculos que requieren decisiones rápidas:
“Es cuestión de ir resolviendo en el momento”, explica Úrsula.
Quizás allí se encuentra una de las mayores lecciones que le está dejando este deporte: aprender a confiar en sí misma a pesar de un camino que cambia constantemente.
“Arranqué desde cero”

En su reciente participación en el Enduro GC, fue ganadora en La Olla y finalizó décima en el C-Pro Enduro, en Capilla del Monte. Sin embargo, los resultados no son su principal objetivo:
“Voy a superarme al circuito”, sostiene.
Su atención está enfocada en perder progresivamente el miedo a la moto y a los diferentes obstáculos. Cada carrera representa una pequeña conquista, no necesariamente sobre otra competidora, sino sobre aquella Úrsula que alguna vez creyó que correr en moto era imposible.
“Nunca me hubiera visto corriendo en moto”, dice Úrsula.
Durante años, su mundo fue el patín. Después apareció una moto y, con ella, la certeza de que un sueño que parecía lejano podía hacerse realidad. Ahora, al mirar hacia atrás, reconoce la importancia de aquellas primeras corredoras que la inspiraron.
Mientras continúa estudiando Psicología y formándose como acompañante terapéutica, imagina un futuro donde ambas pasiones puedan coexistir: seguir corriendo y desarrollarse profesionalmente en su carrera.
La moto sigue siendo un hobby, pero uno muy especial. Le enseñó que los límites muchas veces están en el miedo antes que en las posibilidades.
Antes de concluir la entrevista, Úrsula dejó un mensaje para aquellas chicas que sienten curiosidad por el enduro pero aún no se animan a dar el primer paso:
“Es cuestión de entrenar y, por más que tengas nervios o miedos, largarte”.
Quizás esa frase también se aplica a su propia historia. Porque Úrsula tuvo que dejar el patín, enfrentarse a una nueva disciplina y aprender a convivir con el miedo.
En este proceso, descubrió algo que lleva consigo dentro y fuera de los circuitos:
“Por más que cueste, hay que seguir para adelante”.
El enduro le abrió una puerta que alguna vez creyó cerrada. Ahora, cada vez que se coloca el casco, no solo compite contra el terreno, sino también contra aquella niña que soñaba lo imposible.
Y hoy, finalmente, lo está haciendo.




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