Santa Rosa: En el garaje de su casa, con su impresora 3D, fabrica máscaras protectoras para donar

Santa Rosa 28 de marzo de 2020 Por Analía Ríos
Nicolás Bidela Oviedo, es un joven que vive en Santa Rosa de Calamuchita, es cocinero de profesión, pero en plena cuarentena decidió ocupar su tiempo en una causa solidaria: está fabricando máscaras protectoras faciales para donar a los profesionales de la salud.
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Nicolás ya entregó 13 máscaras, y entre las personas que las recibieron se encuentran dos enfermeras y un radiólogo. Desde ahora las prioridades serán proporcionarlas al hospital y personal médico de distintos lugares.

En diálogo con Calamuchitaenlinea.info, el joven recordó que la impresora 3D la compró hace un tiempo por hobby, porque siempre le interesó lo tecnológico y, algún día, hasta podría llegar a ser un ingreso extra.

Quizás nunca imaginó que iba a servirle para hacer su aporte solidario ante un escenario jamás vivido por el mundo actual como el que se presentó ante la pandemia de coronavirus.

“Tenía tiempo en mi casa, sigo a muchos fabricantes del mundo y uno es Prusa. Este hombre subió a la web los mapas 3D y me pareció interesante” cuenta sobre cómo surgió la idea.

“Viendo que en España e Italia se está saliendo todo de control y los insumos no llegan, se me dio por arrancar humildemente en el garaje de mi casa, a ver si podía hacer algo para nuestra ciudad, más que todo para la gente que nos cuida en los hospitales, en las clínicas, que están poniendo la cara por nosotros y están más expuesto por este problema”.

Después de las exitosas primeras pruebas, surgió el problema de la falta de hojas de acetato, pero no tardó en llegar la idea de un amigo que había visto que se podía sustituir por radiografías.  “Las  limpié con lavandina, hice la prueba y resultó perfecto”, dijo Nicolás.

“Las impresoras llevan mucho tiempo de trabajo, una sola máscara requiere 5 horas y al tener una sola máquina se tarda mucho, pero mientras dejo imprimiendo entre 10 y 20 horas, voy juntando insumos, blanqueando las radiografías que me donaron”, cuenta sobre el proceso de fabricación, y a su vez aclaró que por estas horas “los insumos que estoy necesitando o están más difíciles de conseguir son los elásticos para sujetar la máscara”. A este ritmo de trabajo logra una producción de 9 ejemplares diarios. 

Si bien Nicolás dona la producción, algunos comercios de elaboración alimenticia local ya le solicitaron algunas máscaras. En esos casos “lo dejo a criterio suyo si me quieren ayudar en algo, la idea es ir juntando esa plata para seguir comprando insumos para la impresora. El plástico filamento tiene un costo de 1000 pesos el kilo, y hasta ahora estoy usando los 4 o 5 kilos que tengo”.  

Y así, con la ayuda de amigos y colegas con quienes intercambian ideas e insumos, las donaciones de material de vecinos, el ingenio para ir “arreglándose” con lo que hay y reemplazando lo que va faltando, pero sobre todo muchas ganas de sumar “su granito de arena”, Nicolás avanza con su iniciativa solidaria pensando en aquellos que lo estarán necesitando muy pronto más que nunca: nuestros profesionales de la salud.

 

 

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