
Guido de la Vecchia: cuando emprender es una forma de cuidar al otro
Germán Quiroga

Así lo entiende Guido de la Vecchia, quien desde hace más de 23 años sostiene con humildad y firmeza un emprendimiento familiar en Villa General Belgrano, un lubricentro y gomería que no solo repara autos: también cuida a las personas que los conducen.
Desde Calamuchita, un emprendimiento familiar que combina oficio, honestidad y raíces profundas
Llegó a Calamuchita en febrero de 2002, junto a su familia, escapando de la crisis que golpeó a Buenos Aires tras el 2001. Había conocido la zona en vacaciones, y ese paisaje serrano, tan distinto a la gran ciudad, se le había quedado grabado en el cuerpo. “Si acá vive gente, ¿por qué no podríamos vivir nosotros también?”, recuerda haber dicho. Lo que empezó como una apuesta valiente, se convirtió en una decisión de vida.

Desde su local en Ojo de Agua 474, Guido brinda un servicio técnico integral y transparente. Pero lo que lo distingue no es solo su conocimiento, sino su forma de ejercerlo. Su taller es uno de esos lugares donde no te cambian una batería si no es necesario, donde antes de venderte una cubierta nueva te revisan la que ya tenés para ver si todavía puede usarse. “Si pensara solo en lo comercial, te cambio todo y listo. Pero a mí me interesa que el cliente vuelva. Que sepa que puede confiar.”

Cuando los clientes se convierten en amigos
Para Guido, el mayor logro no está en lo económico, sino en lo humano. Su número de teléfono sigue siendo el mismo desde hace más de dos décadas, y el vínculo con sus clientes va mucho más allá de una transacción. “Tengo clientes que ya son amigos, que me invitan a su casa, que me recomiendan con sus hijos. Ese es mi mayor capital.”
Habla con claridad de lo que implica sostener un negocio familiar: el sacrificio, las horas largas de trabajo, los momentos compartidos con sus hijos en el taller, y también las despedidas cuando ellos crecieron y tomaron su propio rumbo. “Todo eso también es parte del emprendimiento: crecer como comercio, pero también como persona.”
En una época en la que muchos miran afuera para comprar más barato, Guido apuesta por una economía circular local: “Yo prefiero comprarle al ferretero de la esquina, porque después él viene a mi taller, y yo voy a su panadería. Así se retroalimenta una comunidad. Tenemos que ayudarnos entre vecinos.”

Hoy, su lubricentro y gomería Car Service VGB es un espacio de confianza para quienes necesitan revisar su vehículo antes de salir a la ruta. Ofrece controles completos, recomendaciones honestas y orientación clara, tanto para el mantenimiento diario como para los viajes largos. “Yo no solo trabajo con autos, trabajo con los cuerpos que esos autos trasladan. Y mi misión es que lleguen bien a destino.”
Guido no busca hacerse millonario. Su mayor riqueza, dice, es caminar tranquilo por el pueblo, saber que lo que construyó tiene raíces firmes, y que cada reparación también es una forma de acompañar a quien elige seguir rodando por la vida desde este rincón del Valle.






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