
Desde las sierras cordobesas: todos los cuentos de “La hora de los monos” de Federico Falco
Leila RiveraFederico Falco: una voz del interior que desafía el centro
Nacido en General Cabrera, Córdoba, en 1977, Federico Falco forma parte de una generación de escritores argentinos que rehúyen el eje Buenos Aires para explorar otras geografías, otros lenguajes. Licenciado en Comunicación Social y con estudios en escritura creativa en Nueva York, Falco ha sabido combinar sensibilidad poética y precisión narrativa, construyendo una obra donde el campo, los pueblos chicos y las emociones contenidas ocupan un lugar central.
Con "La hora de los monos", publicada por Editorial Emecé, Falco consolidó un estilo que ya se insinuaba en sus obras anteriores: el realismo lírico, el minimalismo emocional y un profundo conocimiento del habla y los silencios del interior argentino.
Un libro que confirma la potencia de lo breve
Desde el interior cordobés, el autor construye un universo rural, lírico y desgarrador, donde lo cotidiano se tiñe de extrañeza.


"La hora de los monos"es un libro donde cada cuento se sostiene por sí mismo, pero en conjunto revela una poética: la de un escritor capaz de detectar la fisura en lo ordinario y convertirla en literatura. Falco confirma que, en lo breve, también se esconde un universo completo.

Claves y reseñas de cada cuento de "La hora de los monos"
“La señora Emma”: la soledad disfrazada de rutina
Falco abre el libro con el retrato de una mujer mayor atrapada en la repetición diaria. La aparente calma de la señora Emma oculta un trasfondo de vacío y búsqueda de sentido. Un cuento sobrio y delicado, que revela la soledad en los gestos más pequeños.
“Elefantes”: la fuerza de lo invisible en la vida cotidiana
Aunque los elefantes no aparecen, su peso simbólico recorre todo el relato. Son la metáfora de lo que incomoda, de aquello que no puede nombrarse. Falco logra un cuento donde lo fantástico se desliza en lo real, dejando al lector en un estado de alerta.

“Un camino amarillo”: viaje, infancia y el misterio de lo perdido
El trayecto se convierte aquí en símbolo vital y emocional. Con ecos de fábula, el relato recupera la mirada de la infancia para explorar lo incierto y lo oculto. El camino amarillo es, al mismo tiempo, un espacio físico y una pregunta sin respuesta.
“Flores nuevas”: juventud, deseo y la fragilidad de lo efímero
Este cuento captura la intensidad del descubrimiento juvenil y lo confronta con la certeza de que todo florecimiento implica marchitarse. Ternura y desgarro conviven en una narración breve y atmosférica.

“Los días que duró el incendio”: el fuego como metáfora de lo irreversible
Más que un relato sobre una catástrofe, Falco escribe sobre lo que queda después: vínculos reconfigurados, seguridades destruidas, marcas invisibles. El fuego se convierte en una metáfora de lo que no vuelve.
“Ballet”: el cuerpo como escenario de tensiones
La danza aparece como disciplina exigente, donde el esfuerzo físico y la fragilidad se entrelazan. No es solo un cuento sobre bailar, sino sobre la búsqueda de gracia en un cuerpo que siempre está al límite.
“Así es como pierde la guerra el tiempo”: entre la memoria y el desgaste
El tiempo, más que los enemigos, es el que erosiona. Este relato funciona como metáfora de las batallas íntimas que se libran lentamente, hasta dejar huellas irreversibles.

La poética del detalle y el susurro
Uno de los mayores logros de Falco en "La hora de los monos" es su capacidad para narrar con una economía de recursos que jamás empobrece la historia. Cada palabra parece medida con la precisión de un poeta (y no es casual: Falco también escribe poesía). La tensión narrativa no surge de grandes giros, sino de gestos mínimos: una mirada desviada, una frase no dicha, una carta escrita con urgencia.
El uso del lenguaje es también notable por su fidelidad al habla local. Sin caer en la caricatura, Falco logra que sus personajes suenen auténticos, verosímiles. Hay un trabajo sobre el ritmo, las pausas, las respiraciones de cada voz que enriquece la lectura.
Recepción crítica y legado literario
Desde su publicación, "La hora de los monos" fue celebrada por la crítica especializada.
En el prólogo Beatríz Sarlo dijo: “Cómo narrar aquello que escapa de la norma sin el rebusque de lo tenebroso, es decir: cómo narrar lo excepcional sin recursos excepcionales. Falco inventa peripecias imaginativas, originales, incluso inverosímiles”.
Escritores como Samanta Schweblin y Selva Almada han señalado a Falco como una figura clave de la nueva narrativa argentina. Su obra ha sido traducida al inglés, francés y alemán, y algunos cuentos fueron incluidos en antologías internacionales como Granta.
El libro también anticipa los intereses temáticos de su posterior novela "Los llanos" (finalista del Premio Herralde 2020): la vida en el campo, el aislamiento, la búsqueda espiritual en tiempos de crisis. En ese sentido, La hora de los monos puede leerse como una matriz estilística y ética que atraviesa toda su obra.
Conclusión: lo invisible que nos transforma
La hora de los monos es mucho más que una colección de cuentos bien escritos: es una propuesta estética coherente, una mirada sensible sobre el dolor, el deseo y las pequeñas epifanías que atraviesan la vida en los márgenes. Falco escribe desde el centro de la emoción humana, aunque lo haga desde la periferia geográfica. Y eso lo convierte en un autor imprescindible para comprender las nuevas voces de la literatura argentina.






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