
Cómo hacemos Calamuchita en línea: entre “el paisaje nos une” y “encontrar aquello que nos conecta”
Natalia Meli

Juntar las piezas
Hace seis años empezamos, como equipo de Calamuchita en Línea, a construir un lugar para reunir esas historias. No fue solamente la idea de hacer un medio de comunicación. Fue, antes que nada, la necesidad de juntar las piezas de una identidad que aparecía dispersa.
“Calamuchita en Línea lo podríamos definir como un espacio donde estamos recopilando toda aquella información que nos permita tener como el ADN de lo que significa Calamuchita”, explicamos cuando contamos de qué se trata nuestro proyecto.
El Valle tiene más de 20 municipios y comunas. Hay distancias, geografías diferentes y comunidades con sus propias particularidades. Durante mucho tiempo, esa diversidad también significó que muchas historias circularan solamente dentro de cada localidad. De esa fragmentación surgió nuestra necesidad de construir un puente. Así apareció una idea que terminaría convirtiéndose en una suerte de declaración de principios del medio: “El paisaje nos une y no nos divide.”
La frase resume nuestra manera de mirar el territorio: no negar las diferencias entre las localidades, sino encontrar aquello que las conecta.

Una noticia puede ser mucho más que una noticia
Para nosotras y nosotros contar Calamuchita implica mirar más allá de la agenda diaria. Por eso, junto con las noticias tradicionales, empezamos a prestar atención a esas pequeñas informaciones que forman parte de la vida real: la farmacia de turno, una búsqueda laboral, un emprendimiento, una actividad cultural, un comerciante que intenta sostener su negocio o una propuesta vinculada al cuidado del ambiente.
Son datos que quizás duran apenas unas líneas en una pantalla, pero que para alguien pueden significar mucho. Una persona consigue trabajo porque vio una publicación. Un emprendedor encuentra a otra persona con quien compartir una idea. Alguien que vive en otra localidad descubre un producto que necesitaba. Una visitante llega a conocer una expresión cultural que de otro modo probablemente habría pasado por alto.

“Una información más amplia que la agenda tradicional, una agenda paralela, alternativa”, solemos decir cuando describimos nuestro trabajo. En esa agenda aparecen tres grandes preocupaciones: el ambiente, el trabajo y las historias inspiradoras de los microemprendedores de la región.
Por eso elegimos definirnos desde el periodismo de solución y la utilidad cívica hiperlocal. La idea es que una persona no entre solamente para saber qué pasó, sino también para encontrar algo que le resulte útil. “Todo lo que tenga que ver con información de servicios lo planteamos dentro del medio con el objetivo de integrar la cotidianeidad de Calamuchita”, explicamos. Se trata de pequeñas piezas de información que, juntas, terminan componiendo una imagen mucho más grande: la de una comunidad.

El día en que dos emprendedores dejaron de ser desconocidos
Entre las historias que recordamos hay una escena que resume bastante bien ese espíritu de que un medio de comunicación pueda convertirse en una herramienta comunitaria.
Fue durante la cobertura de distintos eventos en Embalse. Allí, emprendedores que no se conocían terminaron entrando en contacto a partir de Calamuchita en Línea. Compartieron experiencias. Intercambiaron saberes. Encontraron puntos en común. Una cobertura periodística había terminado generando un encuentro.
Lo recordamos como uno de esos resultados que no siempre quedan registrados en una estadística, pero que le dan sentido a nuestro trabajo cotidiano. La misma lógica aparece en la bolsa de trabajo, uno de los servicios más demandados del medio. “Muchos vecinos consiguieron trabajo por nuestra publicación de la bolsa de trabajo”, contamos cada vez que nos preguntan para qué sirve este espacio.
Detrás de esa frase hay historias concretas: alguien que necesitaba una oportunidad y alguien que necesitaba encontrar a una persona. La información, en esos casos, deja de ser solamente información para convertirse en un puente. Historias que probablemente nunca ocupen la tapa de un diario, pero son las que ayudan a explicar qué significa que un medio tenga una raíz verdaderamente local.

Una cooperativa para hacer las cosas de otra manera
La decisión de constituirnos como cooperativa de trabajo también forma parte de esa búsqueda. Nuestra intención fue construir algo diferente a una estructura tradicional: sumar comunicadoras, comunicadores, diseñadoras, diseñadores, gestores comunitarios y distintas personas con capacidades y miradas complementarias.
Somos una cooperativa donde se aprende, se prueba, se conversa, se corrige y se vuelve a intentar. Así entendemos la comunicación no solamente como empleo, sino como una práctica colectiva.
Nuestra premisa es hacerlo con rigor, “sin adjetivar”, y producir contenidos visuales que circulen donde hoy están las personas: Instagram, Facebook, TikTok y nuestro portal. Porque si la realidad de Calamuchita es diversa, también tienen que ser diversas las formas de contarla.

Sostener una voz propia
Hay otra parte de la historia que ocurre detrás de escena. ¿Cómo sostener un medio gratuito, accesible y plural sin depender de una única persona, empresa o sector?
Nuestra respuesta fue buscar una diversidad de ingresos. En Calamuchita en Línea recibimos aportes del sector privado y comercial, pero también buscamos la participación de nuestra propia audiencia. Personas que deciden contribuir porque creen que vale la pena que exista un medio con determinados valores.
“Para mantener este servicio gratuito, accesible y plural, necesitamos hacerlo entre todos”, sostenemos. La lógica es sencilla: cuantos más actores participan, menos depende el proyecto de uno solo. “Esta diversidad nos hace más saludables y nos permite no depender de un solo estilo, ni de una megaempresa o del sector político que siempre buscan manejar la comunicación.”
En esa decisión también aparece una forma de independencia. La pensamos desde la idea de una economía colaborativa diversa: muchas personas y sectores aportando sin que ninguno tenga por sí solo la capacidad de definir qué se cuenta y qué no, para que una herramienta comunitaria pueda seguir funcionando. Si nuestro contenido es valioso y es importante que otras personas lo lean otras formas de brindarnos apoyo en suscribirse y/o difundir nuestras publicaciones.

Calamuchita también se cuenta desde el ambiente
El territorio es otra de nuestras grandes historias. La sustentabilidad no aparece como un tema aislado, sino como una manera de pensar el futuro de la región. La preocupación ambiental se cruza así con otra pregunta: qué oportunidades puede construir una comunidad cuando aprende a mirar su territorio no solamente como escenario, sino como patrimonio común.
“Nos parece clave porque es una herramienta útil para pensar las oportunidades que podemos crear como vecinos”, explicamos cuando hablamos de sustentabilidad. Los ríos, los bosques, las sierras y los lagos forman parte del paisaje, pero también forman parte de nuestra identidad.
En este sentido, una de las alianzas que más nos entusiasma es la que desarrollamos con Sembradores de Agua, una iniciativa que incluso llevó el sello de apoyo de Calamuchita en Línea hasta el cerro Champaquí.

Las historias que todavía faltan
Después de seis años, el proyecto mira hacia adelante. Y el próximo paso tiene una forma cada vez más clara: profundizar las historias a través de la cobertura audiovisual. “Sabemos que el contenido en video es muy potente”. El video permite mostrar una cara, escuchar una voz, recorrer un lugar, entrar en un taller, acompañar a una persona emprendedora o ver aquello que muchas veces las palabras no alcanzan a explicar.
Nuestra intención es que esas historias puedan encontrarse en TikTok, Instagram, Facebook y en el propio portal. La tecnología cambia. Las plataformas cambian. También cambian las maneras en que las personas consumen información. Pero la pregunta original permanece: ¿Qué significa ser de Calamuchita?

Quizás la respuesta esté en todas esas historias pequeñas que, juntas, terminan formando algo mucho más grande; en todas las personas que encuentran una oportunidad o descubren que no están solas en sus iniciativas; en los vecinos y vecinas que conocen una historia de su propio pueblo que nunca habían escuchado. En quienes nos visitan y llegan buscando un paisaje y terminan encontrando una cultura.
En definitiva, desde Calamuchita en Línea intentamos hacer algo que parece sencillo, pero que requiere tiempo: mirar el territorio y reconocer a quienes lo habitan.
Nuestra cooperativa es una construcción diaria. Y quizás también lo sea la identidad. Porque pertenecer a un lugar no consiste solamente en haber nacido allí. A veces significa participar de sus historias, cuidar aquello que se comparte y reconocer al otro como parte del mismo paisaje.
Hace seis años empezamos a contar esas historias. Todavía quedan muchas por contar.
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