Milagros López, entre la pasión por el deporte, una dura lesión y el desafío de volver a empezar

Hay pasiones que aparecen casi sin buscarlas y terminan convirtiéndose en una parte fundamental de la vida. Para Milagros López, el deporte fue precisamente eso: un espacio de disfrute, competencia, amistades y desafíos personales que la acompañó desde muy joven. Lo que comenzó como una actividad escolar terminó transformándose en una historia de diez años vinculada al handball, aunque una lesión inesperada cambiaría sus planes y la obligaría a encontrar nuevos caminos.
Con 24 años, la joven de Embalse conoció el handball cuando tenía aproximadamente 14, durante su etapa escolar. Sin antecedentes familiares dentro de la disciplina, fue el propio interés por aquel deporte lo que la llevó a acercarse a un club y comenzar un recorrido que, según reconoce, nunca pudo abandonar.
"Yo al handball empecé a jugar más o menos cuando tenía 14 años. Este deporte lo conocí en el colegio y ahí fue que dije: bueno, me mando a jugar al club", recordó.
Durante una década, la pelota, los entrenamientos y la competencia formaron parte de su rutina. En la cancha se desempeñaba como lateral izquierda, aunque sus primeros pasos fueron en otra posición: "Cuando arranqué jugaba de pivot, no tenía idea de nada", contó entre risas. Con el paso del tiempo encontró su lugar y sus principales virtudes: la defensa y la finta.
Sin embargo, explicar qué la mantenía ligada al handball nunca fue sencillo. La adrenalina de correr, defender y competir era algo difícil de reemplazar. Incluso cuando el cansancio y las dificultades comenzaron a hacerse presentes, la pasión seguía siendo más fuerte.
Una lesión que cambió todos los planes
En noviembre de 2025, mientras se desempeñaba como entrenadora de la Primera Femenina de Berrotarán, Milagros atravesó uno de los episodios más difíciles de su trayectoria deportiva.
Ante la falta de jugadoras disponibles para completar el equipo, decidió ingresar a la cancha. Lo que parecía ser una participación circunstancial terminó convirtiéndose en una situación que marcaría un antes y un después: durante un cambio de dirección, sufrió una rotura del ligamento cruzado anterior.
"Literalmente iba a haber estado un minuto parada en la cancha, quise hacer un cambio de dirección, buena finta, y se me fue la rodilla", relató.
En un primer momento no imaginó la gravedad de lo sucedido. Sin embargo, cuando llegaron los resultados de los estudios, la noticia fue un golpe difícil de asimilar. La confirmación de la rotura ligamentaria dio inicio a un proceso atravesado por la frustración, el miedo y la incertidumbre.
"Cuando mi hermano me leyó eso, lo primero que se me vino a la cabeza fue lo que me habían dicho: que era lo peor que te podía pasar. Fue llanto, llanto y llanto. Fue horrible, fue frustración, fue decir: ¿por qué a mí?", recordó.
A la complejidad de la lesión se sumaron la cirugía, los costos económicos de la intervención y, fundamentalmente, el temor a no poder volver a jugar. La recuperación también significó dejar de lado otras actividades que formaban parte de su cotidianeidad, como el pádel, una disciplina en la que también había encontrado un lugar importante.
"Se frena toda tu vida. No solamente lo deportivo", explicó, al recordar que tenía proyectos y competencias por delante que debió postergar.
En medio de ese escenario, la contención de sus seres queridos fue fundamental. Su familia, su novio y sus amigos se convirtieron en un sostén durante los momentos más complicados, ayudándola a salir de su casa, distraerse y encontrar motivos para seguir adelante.
Pero hubo otro proyecto que adquirió un significado especial: su emprendimiento de indumentaria deportiva.
Milagros ya comercializaba prendas desde hacía varios años, aunque desde su propia casa. En diciembre de 2025 cumplió un nuevo objetivo al inaugurar un local físico junto a su novio. El comercio, llamado Milis Indumentaria, está ubicado en la terminal de ómnibus de Embalse y ofrece ropa deportiva, accesorios, pelotas y distintos artículos vinculados al deporte.
La apertura del negocio coincidió con una etapa particularmente difícil de su vida y terminó convirtiéndose en un espacio donde canalizar energías y mantener la motivación.
"Como estaba todo el tiempo metida ahí, era algo que le quería meter muchas pilas. Eso me ayudó mucho. Estar ahí, hacer lo que me gusta, pensar en qué hacer para mejorar", destacó.
De cara al futuro, su objetivo es seguir haciendo crecer el emprendimiento y ampliar la variedad de productos para que quienes se acerquen puedan encontrar todo lo que necesitan para practicar deporte.
El pádel, una nueva pasión y el deseo de volver

Aunque el handball ocupó durante muchos años el centro de su vida deportiva, el pádel también consiguió ganarse un lugar especial.
Su primer acercamiento se produjo durante la pandemia, cuando comenzó a jugar junto a sus amigas. La experiencia inicial no fue demasiado positiva, pero aproximadamente un año después volvió a intentarlo y descubrió una pasión que, hasta hoy, continúa acompañándola.
En la actualidad, mientras transita su rehabilitación, su principal objetivo deportivo está puesto en regresar a las canchas de pádel. Además de la competencia, destaca especialmente los vínculos y las amistades que construyó alrededor de esa disciplina.
Incluso, la solidaridad de esa comunidad tuvo un papel importante durante su recuperación: se organizaron torneos para colaborar con la recaudación del dinero necesario para afrontar la cirugía.
"Es un deporte que te deja muchas amistades, muchos vínculos nuevos. Hicimos torneos para poder juntar el dinero para mi cirugía", contó.
Aunque reconoce que hoy su cabeza está más enfocada en el pádel, tampoco descarta regresar al handball. Sabe que la adrenalina de ese deporte es diferente y que, si vuelve a practicarlo, probablemente vuelva a convertirse en una parte inseparable de su vida.
Con la rehabilitación todavía en marcha, Milagros mira hacia adelante. El camino no fue sencillo y la lesión modificó muchos de sus proyectos, pero también le permitió reconocer el valor del acompañamiento, la perseverancia y la capacidad de encontrar nuevas motivaciones.
Al momento de imaginar qué le diría a aquella adolescente de 14 años que comenzaba a jugar al handball y soñaba con llegar lejos en ese deporte, su respuesta dejó una de las reflexiones más emotivas de la entrevista.
"Le diría que no deje de luchar nunca por lo que ama, que aunque el camino se ponga bastante difícil, que no se rinda. Que va a haber momentos en los que va a llorar, se va a frustrar y va a sentir que no puede más, pero que siga esforzándose", expresó.
Y completó con una frase que resume buena parte de su historia: "Que nunca pierda ese amor por el handball que nos hizo llegar hasta acá".
Porque más allá de los resultados, las competencias y las lesiones, hay algo que permanece intacto: el amor por el deporte. Hoy, entre la rehabilitación, el pádel y el crecimiento de su emprendimiento, Milagros López continúa construyendo su camino, con la ilusión de volver a disfrutar de aquello que durante tantos años la hizo feliz.
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