
Editorial l Lo que el turismo no devuelve: la deuda ambiental de Calamuchita
Germán Quiroga

El capital natural está en riesgo
La belleza natural de Calamuchita no es solo un atractivo turístico: es la base misma de su economía y su identidad. Sin embargo, el uso intensivo de estos bienes comunes —agua, vegetación, aire puro, suelos fértiles— continúa sin una estrategia colectiva de cuidado. Cada temporada alta deja postales de impacto ambiental: arroyos secos, basura en senderos, incendios forestales, desmonte para loteos. La cuenta la paga la naturaleza, pero también la comunidad que vive de ella.

Cuando el daño se repara a pulmón
Acción Serrana, lleva adelante una tarea titánica: restaurar bosques nativos de altura en la Reserva Hídrica Pampa de Achala y el Parque Nacional Quebrada del Condorito. Su meta es alcanzar el millón de árboles nativos plantados. Pero más allá del número, lo que destaca es la constancia: ocho campañas sostenidas por 60 personas estables, cientos de voluntarios, decenas de viveros, monitoreo técnico y compromiso local. Este esfuerzo no es un proyecto “verde” más. Es resistencia activa ante la degradación ambiental que otros sectores socavan.
Silencio de quienes se benefician
Los emprendimientos turísticos que promueven "naturaleza virgen" en sus publicidades deberían preguntarse qué hacen para conservarla. Tampoco nadie se sorprende con la cartelería que intenta comunicar la pertenencia de los recursos de todos. ¿Qué parte de sus ganancias se reinvierte en proteger los ecosistemas que venden? ¿Cuántos alojamientos gestionan sus residuos? ¿Cuántas agencias de turismo contratan guías capacitados en prácticas sustentables? La desconexión entre el aprovechamiento económico y la responsabilidad ambiental no puede seguir naturalizándose.
La corresponsabilidad es urgente
No se trata de frenar el turismo. Se trata de asumir que vivir —y hacer negocios— en un territorio implica cuidar su equilibrio. El turismo puede ser una herramienta de desarrollo sustentable solo si deja de ser indiferente a las consecuencias de su actividad. Los municipios, el sector privado y la sociedad civil deben acordar reglas claras para el uso del territorio. La educación ambiental, el ordenamiento del suelo y el incentivo a prácticas responsables son tareas impostergables.
Un modelo agotado exige nuevas respuestas
Desde Calamuchita en Línea afirmamos que el desarrollo no puede seguir fundado en el agotamiento de lo que nos sostiene. Organizaciones como Sembradores de Agua nos muestra que otra forma de habitar y cuidar Calamuchita es posible. Pero no alcanza con la voluntad de unos pocos. Es momento de que los actores con mayor poder económico, político y simbólico asuman un compromiso proporcional con el ambiente que explotan. Porque proteger la naturaleza no es un gesto de caridad: es una obligación para con el futuro de toda la región.






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