
De Embalse al mundo: la historia de Imanol, el joven que aprendió que los sueños también se construyen lejos de casa


Mientras muchos jóvenes sueñan con llegar lejos, pocos conocen realmente lo que significa emprender ese camino. Para Imanol, el vóley fue mucho más que una pasión deportiva: fue la puerta hacia un mundo de desafíos, aprendizajes y emociones que comenzaron en las calles y clubes de Embalse y lo llevaron hasta algunos de los escenarios más exigentes del deporte internacional. Hoy, con experiencia en la Selección Argentina y pasos por clubes de Portugal y Alemania, el deportista de Calamuchita mira hacia atrás y reconoce que detrás de cada logro hubo momentos que marcaron su vida para siempre.
Uno de esos momentos llegó cuando tuvo que dejar el país para comenzar su primera experiencia profesional en el exterior. "Me acuerdo de la primera vez que me tocó mudarme a otro país. Fue un momento de muchas emociones encontradas, un shock que te hace reconocer todo lo que lograste y todo lo que sufriste para llegar hasta ahí", recuerda. Como suele ocurrir en el deporte de alto rendimiento, los éxitos aparecen rápido y las metas se renuevan constantemente, pero hay situaciones que permanecen intactas en la memoria porque representan mucho más que una victoria o una estadística.

Algo similar le ocurrió cuando recibió su primera convocatoria a la Selección Argentina en 2019. Era apenas un adolescente y la noticia lo sorprendió junto a su padre durante un viaje por Río Tercero. La emoción fue tan intensa que todavía hoy la recuerda con claridad. "No podía parar de llorar", cuenta sobre aquel día que marcó el inicio de un sueño que años después lo llevaría a integrar la selección mayor. Más allá del reconocimiento deportivo, aquella convocatoria representó la confirmación de que el esfuerzo de tantos años comenzaba a dar sus frutos.
Sin embargo, el camino hacia la élite también implicó sacrificios importantes. La distancia fue uno de los desafíos más complejos que debió enfrentar. Alejarse de la familia desde muy joven, perderse reuniones, cumpleaños y momentos cotidianos forma parte de una realidad que muchos deportistas viven en silencio. "Es duro no estar en casa. Es duro ver cómo las cosas siguen pasando y vos no estás", reconoce. Aun así, esa experiencia le permitió descubrir una nueva forma de valorar el tiempo compartido con las personas que quiere. Con el paso de los años comprendió que no existen fechas especiales predeterminadas, sino que cada encuentro merece celebrarse como algo único.

Las experiencias vividas en Portugal y Alemania también dejaron huellas profundas en su crecimiento personal. Más allá de los resultados deportivos, fueron etapas que lo obligaron a conocerse mejor y a desarrollar una fortaleza emocional que quizás no sabía que tenía. En ese proceso descubrió la importancia de aprender a convivir consigo mismo, de encontrar seguridad en sus propias convicciones y de entender que, incluso en los momentos de soledad, siempre llevaba consigo aquello que realmente lo define.
Esa fortaleza resultó fundamental cuando atravesó uno de los momentos más difíciles de su carrera. Mientras jugaba en Alemania sufrió una grave lesión en el codo que requirió una intervención quirúrgica y varios meses de recuperación. La situación puso a prueba no solamente su cuerpo, sino también su capacidad para sostenerse emocionalmente lejos de casa. Al principio apareció la frustración, el dolor de quedar al margen de los entrenamientos y de no poder acompañar al equipo dentro de la cancha. Sin embargo, decidió afrontar el desafío con una actitud positiva y una disciplina ejemplar. El resultado fue tan bueno que logró reducir a la mitad los tiempos de recuperación previstos por los médicos, pasando de seis a tres meses. "Me enseñó a ser perseverante y constante", asegura sobre una experiencia que terminó fortaleciendo su carácter.

Cuando las cosas no salen como espera, Imanol sabe perfectamente dónde buscar apoyo. A lo largo de la entrevista aparecen una y otra vez los mismos nombres: su familia, su novia y sus amigos. Son quienes estuvieron presentes en los momentos más felices, pero también en los más difíciles. "Me bancan los trapos siempre", afirma. Para él, el acompañamiento cotidiano de las personas que quiere fue clave para sostenerse emocionalmente en cada etapa de su carrera. De hecho, considera que contar con un círculo cercano que acompañe, aconseje y esté presente hace una diferencia enorme cuando se persiguen objetivos tan exigentes.
A lo largo de los años llegaron campeonatos importantes y reconocimientos que cualquier deportista soñaría con alcanzar. Sin embargo, cuando habla de los logros que más atesora, no pone el foco exclusivamente en los trofeos. Uno de los recuerdos más especiales es la Copa Metropolitana obtenida con River Plate en 2023, un título que tiene un significado particular porque fue compartido con amigos y compañeros que lo acompañaron durante gran parte de su formación. Más que el resultado final, lo que destaca es todo el recorrido realizado para llegar hasta ese momento. "Lo que te queda no es solamente el momento de la victoria. Lo que te queda es todo lo vivido para llegar a esa victoria", reflexiona.

Y si hay algo que permanece intacto después de tantos viajes, competencias y experiencias internacionales, es el vínculo con su lugar de origen. Embalse ocupa un espacio central en su identidad y en su historia personal. Las tardes junto al lago, las horas en el club, los distintos deportes que practicó durante su infancia y las personas que lo acompañaron en sus primeros pasos siguen formando parte de quien es hoy. "Mi casa siempre fue y va a ser Embalse", afirma con orgullo. También extiende ese sentimiento a todo el Valle de Calamuchita, una región que siente como propia y que continúa llevando en el corazón sin importar en qué lugar del mundo le toque competir.
Quizás por eso, cuando piensa en aquel niño que empezaba a entrenar y soñaba con llegar lejos, el mensaje que le daría no tiene que ver con ganar campeonatos ni con alcanzar determinado nivel deportivo. Le diría que disfrute el camino, que no se apure y que entienda que cada etapa llega cuando tiene que llegar. Porque después de representar al país, conquistar títulos, superar lesiones y recorrer el mundo gracias al vóley, Imanol descubrió una verdad que va mucho más allá del deporte: los sueños no se miden únicamente por los lugares a los que uno llega, sino por la persona en la que uno se convierte durante el recorrido. Y en ese viaje, el joven de Embalse sigue llevando consigo aquello que nunca dejó atrás: sus raíces, su gente y la certeza de que ningún logro tiene verdadero valor si no hay alguien con quien compartirlo.
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