
“Pro bono”: cuando la justicia deja de ser un privilegio
Leila Rivera

¿De qué trata “Pro bono”?
El título remite a la expresión latina pro bono publico, utilizada para designar el trabajo jurídico realizado en beneficio del interés público. A partir de esa premisa, la serie sigue a un prestigioso juez cuya carrera se derrumba inesperadamente y que termina incorporándose a un equipo dedicado a la asistencia legal gratuita. Allí deberá enfrentarse no solo a causas completamente distintas de las que acostumbraba llevar, sino también a una profunda revisión de sus propias convicciones.
La premisa evita caer en el melodrama fácil. En lugar de construir un relato de redención inmediata, “Pro bono” plantea un choque constante entre la ambición profesional, el prestigio social y la verdadera función de la justicia. Esa tensión sostiene buena parte del atractivo narrativo de la serie.

Un drama judicial que privilegia las personas sobre los veredictos
El guionista Moon Yoo-seok —con amplia experiencia en ficciones judiciales— vuelve a demostrar que conoce desde dentro el funcionamiento del sistema legal coreano. Sin convertir cada episodio en una lección de derecho, utiliza los casos para explorar conflictos sociales contemporáneos.
Lejos del espectáculo de los grandes juicios televisivos, la serie encuentra interés en disputas cotidianas: ciudadanos comunes, víctimas invisibles y personas cuya voz rara vez llega a los tribunales más importantes. Esa elección modifica por completo el tono del relato. El suspenso jurídico permanece, pero queda subordinado a las consecuencias humanas de cada decisión.
La dirección de Kim Seong-yoon y Baek Sang-hoon acompaña esa búsqueda con una puesta en escena sobria, donde predominan oficinas modestas, salas de audiencia sin grandilocuencia y espacios urbanos reconocibles. El énfasis está puesto en los personajes y en la dimensión ética de sus decisiones, no en el espectáculo procesal.

Jung Kyung-ho sostiene el peso de la serie
Uno de los mayores aciertos de “Pro bono” es la interpretación de Jung Kyung-ho, actor ya consolidado dentro de la televisión coreana gracias a títulos como Hospital Playlist o Prison Playbook.
Su personaje podría haber caído fácilmente en el estereotipo del profesional brillante obligado a aprender humildad. Sin embargo, el actor evita esa simplificación mediante una composición llena de matices: conserva la arrogancia, el sarcasmo y el orgullo profesional incluso cuando las circunstancias lo obligan a cambiar de entorno.
A su alrededor, So Ju-yeon aporta equilibrio como contrapunto idealista, mientras el elenco secundario construye un equipo de abogados con suficiente personalidad para que las historias colectivas tengan tanto peso como el recorrido del protagonista.

Crítica social sin perder el entretenimiento
Como ocurre con muchas producciones recientes de Corea del Sur, “Pro bono” utiliza el género para discutir problemas contemporáneos.
Cada nuevo caso funciona como puerta de entrada a cuestiones vinculadas con las desigualdades económicas, la discriminación, los derechos laborales, la vulnerabilidad social y las limitaciones del propio sistema judicial. La serie nunca abandona del todo el humor —especialmente en las interacciones entre los miembros del estudio jurídico—, pero tampoco trivializa los conflictos que presenta.
Ese equilibrio explica buena parte de su eficacia. La ficción evita el tono panfletario y prefiere confiar en el desarrollo de los personajes antes que en largos discursos morales.

Una mirada distinta sobre el heroísmo cotidiano
En una época en la que muchas ficciones judiciales parecen competir por exhibir conspiraciones cada vez más complejas, “Pro bono” apuesta por una idea mucho más sencilla y, precisamente por eso, más efectiva: recordar que el verdadero prestigio del derecho no reside en defender a los más poderosos, sino en garantizar el acceso a la justicia de quienes carecen de recursos.
Sin recurrir a golpes de efecto permanentes ni a villanos caricaturescos, la serie construye un relato cálido, inteligente y profundamente humano. El resultado es un drama legal que entretiene con solvencia, plantea preguntas relevantes sobre el funcionamiento de la justicia y confirma, una vez más, la extraordinaria capacidad del audiovisual surcoreano para convertir conflictos locales en historias de alcance universal.






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