
Estudió arquitectura, se recibió de psicólogo e hizo teatro antes de ser fotoperiodista: la historia de Sebastián Gil Miranda
Florencia AquilesUn camino poco convencional hacia el fotoperiodismo
A diferencia de muchos colegas que se forman en escuelas de periodismo o fotografía, Sebastián no transitó un camino tradicional. Estudió arquitectura, se recibió de psicólogo y se desenvolvió en el mundo del teatro y la escritura antes de tomar una cámara. "Desde el teatro, tuve mucho contacto con la dramatización, luces y sombras, y desde la escritura, con la narrativa. Sin darme cuenta, fui desarrollando una concepción estética y social que luego trasladé a la fotografía", cuenta.
El punto de inflexión llegó en un viaje a Cuba, donde descubrió su interés por retratar la cotidianeidad de las calles y la creatividad de los niños con juguetes hechos a mano. "Ahí comprendí que mi interés no estaba en la fotografía turística, sino en lo que pasaba en la vida real", explica.



De la música al documentalismo social
Su primer acercamiento profesional fue a través de la fotografía de espectáculos en Buenos Aires, donde aplicó su conocimiento sobre luces y composición escénica. "Me decían que mis fotos no eran las típicas del mundo de la música, que tenían un juego más profundo con la luz", recuerda.
Sin embargo, su inquietud por los temas sociales lo llevó a proyectos más comprometidos. En Villa La Cárcova, dictó un taller de fotografía para niños en un barrio atravesado por la violencia. "Tenía hijos de los dos bandos enfrentados en una misma clase, mientras sus padres estaban en guerra. Descubrí que el fútbol era una metáfora de esa situación", cuenta.

Su serie sobre niños jugando en Cuba obtuvo el premio del público en Photoville (Nueva York), y su trabajo en Villa La Cárcova lo llevó a ganar en una de las principales categorías del Sony World Photography Awards.
El desafío de ser fotoperiodista en Calamuchita
Desde hace un tiempo, Sebastián desarrolla su trabajo en el Valle de Calamuchita, un territorio con su propia complejidad. "Hacer fotoperiodismo aquí es distinto a una gran ciudad. Hay menos urgencia noticiosa y más necesidad de contar historias de largo aliento", reflexiona.
Los desafíos incluyen la falta de medios que apuesten por la fotografía documental y la necesidad de autofinanciar proyectos. "Pero también hay ventajas: se pueden construir relatos visuales con más profundidad, hay una identidad en evolución y la naturaleza juega un rol clave en la narrativa", explica.

Uno de sus actuales proyectos es documentar la relación entre los habitantes de Calamuchita y el agua. "En una zona turística donde los ríos y lagos son esenciales, pero también hay problemáticas ambientales crecientes, el agua es un eje de tensión y de vida", adelanta.
La importancia de la mirada
Para Sebastián, la clave del fotoperiodismo no está solo en la técnica, sino en la mirada. "Podés tener la mejor cámara, pero si no tenés algo para decir, la foto no transmite nada. Lo fundamental es entender lo que pasa y contar una historia en una imagen", concluye.
Con su experiencia, Sebastián Gil Miranda demuestra que ser fotoperiodista en Calamuchita implica construir relatos visuales que trasciendan el instante y dejen una huella en la memoria colectiva.

@sebastiangilmiranda
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