
Un crimen que sigue interpelando: el documental “50 segundos: El caso de Fernando Báez Sosa” y la construcción de una memoria dolorosa
Leila RiveraUna historia que aún resuena: por qué este caso vuelve en forma de documental
Pocas veces un hecho policial reciente ha calado tan hondo en la conversación pública argentina como el asesinato de Fernando Báez Sosa en enero de 2020. Más allá de la brutalidad del ataque, el caso cristalizó tensiones sobre violencia juvenil, discriminación, justicia, cobertura mediática y exposición social. Netflix retoma esa historia a través de “50 segundos: El caso de Fernando Báez Sosa”, un documental que rehúye la espectacularización para reconstruir, con precisión y responsabilidad, el itinerario de aquellas horas que cambiaron la vida de una familia y la sensibilidad colectiva.
El título funciona como una clave narrativa: cincuenta segundos es el lapso de la agresión filmada por cámaras y celulares, un recorte temporal que se volvió evidencia judicial, símbolo social y, ahora, ancla cinematográfica. El documental se ordena alrededor de ese fragmento de tiempo, pero avanza más allá de la repetición del registro: busca entender cómo se llegó a esa escena y qué consecuencias produjo.



Un tratamiento visual que evita los excesos: ética y contención en un caso hipervisualizado
El archivo audiovisual del caso es abundante, algo inusual en crímenes de este tipo. La pregunta —ética, estética y periodística— es cómo usar esas imágenes sin caer en la crueldad. La producción de Netflix apuesta por un uso restringido, contextualizado y sobrio: las secuencias más violentas no se reiteran en exceso, las cámaras de seguridad se presentan sin efectos y las tomas se integran sólo cuando aportan información y no como shock visual.
La decisión más notoria es la ausencia de música emocional o reconstrucciones ficcionalizadas. La violencia no se estetiza: se presenta como evidencia. El documental reconoce el malestar que pueden generar esas imágenes, pero lo asume dentro de un marco de responsabilidad narrativa.

El enfoque narrativo: reconstruir sin ficciones innecesarias
Uno de los mayores aciertos del documental es su estilo casi pericial. El relato avanza de manera cronológica, apoyado en material verificado y en testimonios directos de los padres de Fernando, abogados y periodistas que cubrieron el juicio. No hay dramatizaciones ni recursos retóricos que busquen intensificar la tensión: la conmoción proviene de la crudeza de los hechos y de la claridad con la que se exponen.
La narrativa privilegia la transparencia por encima del impacto, evitando construir villanos cinematográficos o héroes trágicos. Se trata, sencillamente, de mostrar cómo ocurrieron las cosas.

La voz de los padres: del testimonio al reclamo por una sociedad más justa
El documental encuentra su corazón emocional en los testimonios de Silvino Báez y Graciela Sosa. Sus palabras, siempre pausadas y sin estridencias, le otorgan al film una dimensión humana que trasciende los detalles judiciales. No se trata sólo de recordar a Fernando, sino de pensar qué sociedad queremos construir para evitar que hechos como éste se repitan.
La presencia de especialistas y periodistas ayuda a contextualizar el caso sin desplazar a los protagonistas reales del dolor. Esa combinación —voz de los padres, análisis profesional y evidencia visual— es la que sostiene la estructura narrativa.

Impacto cultural: justicia, violencia y la mirada pública
El estreno del documental reavivó debates sobre la responsabilidad social frente a la violencia y sobre el rol de los medios en la construcción de justicia. El caso Báez Sosa no sólo generó un proceso legal seguido de cerca por todo el país, sino también discusiones sobre cómo actuamos como espectadores en un mundo atravesado por imágenes instantáneas, virales y muchas veces traumáticas.
50 segundos funciona, así, como una oportunidad para repensar qué significa “ver” en la era contemporánea: ver para entender, ver para reconstruir, pero también reconocer cuándo mirar implica exponerse a una violencia que no debe naturalizarse.
Conclusión: un documento necesario, sobrio y profundamente humano
Sin caer en la trampa del morbo ni en el impulso del espectáculo, 50 segundos: El caso de Fernando Báez Sosa se convierte en una obra imprescindible para entender no sólo qué ocurrió aquella noche de enero, sino por qué seguimos hablando de ello. En su sobriedad, encuentra su potencia. En su contención, su ética. Y en la voz de los padres, su verdad emocional más honda.






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