
“Risa y la cabina del viento”: la fábula patagónica que convirtió el duelo en una de las películas argentinas más premiadas del año
Leila Rivera

Una historia sobre el duelo narrada desde la infancia
Ambientada en Tierra del Fuego y filmada en los paisajes de Ushuaia, la película sigue a Risa, una niña de diez años que perdió a su padre durante un devastador incendio. Su vida cambia cuando descubre una vieja cabina telefónica capaz de comunicarla con los muertos. Cada llamada abre la posibilidad de ayudar a quienes dejaron asuntos pendientes y, al mismo tiempo, acerca a la protagonista a su deseo más profundo: volver a hablar con su padre una última vez.
La premisa podría haber derivado en un melodrama sobrenatural convencional. Sin embargo, Juan Cabral opta por otro camino. La fantasía funciona aquí como una extensión del dolor, una metáfora de la necesidad humana de encontrar respuestas cuando la pérdida parece irreparable.

Juan Cabral y una rara apuesta del cine argentino contemporáneo
Uno de los mayores méritos de “Risa y la cabina del viento” es animarse a explorar un territorio poco transitado por el cine argentino: el fantástico de raíz emocional. Cabral combina elementos de cuento infantil, drama familiar y realismo social sin abandonar nunca la dimensión humana de sus personajes.
La Patagonia fueguina no aparece como mero escenario turístico. El paisaje adquiere una función dramática decisiva: el viento permanente, los espacios abiertos y la sensación de aislamiento refuerzan la idea de una comunidad marcada por una tragedia colectiva. La dirección de arte y la fotografía construyen una atmósfera que oscila entre lo cotidiano y lo mágico con notable naturalidad.

Cazzu, Diego Peretti y un elenco que sostiene la emoción
El filme marcó el debut cinematográfico de la cantante Cazzu, quien interpreta a Sara, la madre de Risa. Lejos de cualquier golpe de efecto mediático, su trabajo se integra con sobriedad a la narración y encuentra un sólido contrapunto en Diego Peretti, que compone a un vecino atravesado por sus propios fantasmas. Completan el elenco Joaquín Furriel, Elena Romero —en el papel central— Silvina Sabater y Gustavo Garzón.
La actuación de Elena Romero resulta especialmente importante porque la película descansa sobre su mirada. Todo el universo fantástico se construye desde su sensibilidad, evitando explicaciones innecesarias y privilegiando la experiencia emocional.

Qué dijo la crítica sobre “Risa y la cabina del viento”
La recepción crítica fue mayoritariamente favorable. Entre las valoraciones más destacadas se encuentran:
- Diego Lerer destacó su potencia visual y la capacidad de convertir el paisaje fueguino en una “áspera y rugosa belleza”.
- Desde Página/12 se elogió la dirección de arte y el modo en que el guion entrelaza lo cotidiano con lo fantástico.
- Pablo Scholz, de Clarín, la definió como una obra que reúne fantasía, emoción y una marcada sensibilidad poética.
Aunque algunos observadores señalaron ciertos excesos sentimentales propios del género, el consenso crítico coincidió en destacar la originalidad de la propuesta y su capacidad para conectar con públicos diversos.

Premios y reconocimientos
La película tuvo su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, donde obtuvo los dos premios principales de la Competencia Argentina:
- Mejor Película Argentina.
- Mejor Dirección para Juan Cabral.
Posteriormente recibió el Premio del Público en el Festival La Fiesta del Cine de Francia y fue distinguida como Mejor Película Joven en el Stockholm International Film Festival Junior. Además, obtuvo una nominación al Golden Gate Award en el San Francisco International Film Festival.

Una película sobre las cosas que quedan sin decir
Lo más interesante de “Risa y la cabina del viento” no reside en el mecanismo fantástico de la cabina telefónica, sino en aquello que simboliza. Cada conversación con los muertos remite a una experiencia universal: las palabras que no llegaron a pronunciarse, los perdones pendientes y la necesidad de reconstruir el sentido después de una pérdida.
En una cinematografía que suele inclinarse por el realismo social o la comedia costumbrista, Juan Cabral encontró una forma singular de hablar del duelo. Lo hizo a través de una niña, de una cabina abandonada y del viento fueguino que parece transportar voces desde otro tiempo. El resultado es una de las propuestas más originales y emotivas del cine argentino reciente, una película que demuestra que la fantasía también puede ser un camino hacia la verdad emocional.






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