
Arquitectura y naturaleza: defendiendo la identidad de Santa Rosa de Calamuchita
Germán QuirogaIdentidad y naturaleza
Para quienes viven en Santa Rosa de Calamuchita, la montaña, el río y el paisaje forman parte de la vida cotidiana. Pero justamente esa familiaridad puede hacer que aquello que distingue al territorio deje de percibirse como un recurso que necesita ser cuidado.
Para la arquitecta Aldana Bustos (M.P: 16133), integrante de Acción Urbana, la identidad de Santa Rosa está estrechamente vinculada con su entorno natural. Nacida en la localidad y perteneciente a una familia con varias generaciones en el Valle, su incorporación al espacio tuvo también una dimensión personal.
“Yo nací acá. Mi familia, las generaciones de mi familia son de acá, desde mis tatarabuelos, mi abuelo, mis padres, bueno, yo”, cuenta. Después de estudiar en Córdoba y pasar un período fuera de la localidad, regresar le permitió mirar el lugar desde otra perspectiva. La posibilidad de participar en Acción Urbana terminó de reforzar una preocupación que ya formaba parte de su manera de entender el territorio.


“Es un valle que me encanta, que lo tengo en el corazón”, afirma. Pero a la pertenencia se sumó una motivación profesional: la posibilidad de aportar conocimientos para cuidar el lugar en el que nació. “Mi propósito en Acción Urbana es aportar desde lo profesional y desde lo personal todo lo que pueda para que esto tenga su fruto también”, explica.

Lo que atrae a quienes llegan
Bustos sostiene que buena parte del atractivo actual de Santa Rosa y de Calamuchita está justamente en aquello que puede verse amenazado por un crecimiento urbano sin planificación. “Yo creo que la razón por la que vienen acá es por la calidad del aire que hay, la calidad del sonido que hay, la calidad visual que hay, y esas cosas se tienen que cuidar”, plantea.
La advertencia se relaciona con una transformación que, según observa, ya está ocurriendo: muchas personas provenientes de grandes ciudades eligen trasladarse a localidades serranas buscando otra forma de vida. “Muchísima gente últimamente se viene de las grandes ciudades a querer vivir acá”, señala.
El riesgo, desde su perspectiva, es reproducir en el Valle las mismas condiciones urbanas de las ciudades de las que esas personas intentan alejarse. “Las grandes ciudades que cansan a las personas por los ruidos, por el ritmo, vamos a llegar a ese punto si no cuidamos y valoramos y respetamos lo que hoy tenemos”, advierte. El desafío no consiste, entonces, en detener el crecimiento, sino en decidir cómo crecer sin destruir las condiciones que hacen atractivo al territorio.

Una identidad que existe y necesita ser defendida
Bustos cuestiona la idea de que Santa Rosa carezca de identidad. Para ella, esa identidad existe y está relacionada directamente con el paisaje y la forma de habitar el territorio. “Santa Rosa la identidad la tiene, es cuestión de defenderla, de identificarla y de sentirse, de darle pertenencia al lugar”, sostiene.
En esa construcción aparecen elementos que no son solamente visuales. También forman parte de la identidad la posibilidad de caminar por la montaña, acercarse al río, escuchar los pájaros o simplemente disfrutar del paisaje. “El río es de todos, la montaña es de todos, la montaña está ahí para caminarla, para verla, para olerla”, afirma.
Y recupera una experiencia cotidiana que, según entiende, expresa buena parte del valor intangible del lugar: “Cuántas personas vienen y dicen: ‘Qué rico olor, qué olor a aire puro, qué olor a serrano’”. Para la arquitecta, conservar esas características no es una cuestión exclusivamente ambiental. También implica preservar la identidad y la calidad de vida de quienes viven y de quienes visitan la localidad.

El crecimiento urbano y la mirada técnica
Carolina Maggi (M.P 16235), también arquitecta e integrante de Acción Urbana, aborda el problema desde el urbanismo. Su preocupación está puesta en el modo en que se produce el crecimiento de las ciudades cuando la expansión precede a la llegada de infraestructura y servicios.
“En la carrera estudiamos urbanismo, entonces tenemos una noción de lo que es diseñar una ciudad”, explica. Desde esa formación, observa una dinámica que considera necesario revisar: “Lo que sucede acá es que va la ciudad creciendo y después va la gestión tratando de llegar con los servicios”. El resultado, advierte, es un proceso más costoso y complejo para quienes habitan el territorio.
“Primero tendría que llegar el servicio, el loteo y después las personas. Como que el proceso surge distinto”, plantea. Su mirada no se limita a la distribución de servicios. También incorpora la necesidad de pensar otras formas de construir y de reducir el impacto ambiental de la expansión urbana.
“Hay otras formas, hay otros sistemas constructivos que son mucho más amigables con el medio ambiente que a mí eso es una de las cosas que realmente me gustaría hacer llegar a las personas”, sostiene.

La naturaleza como infraestructura de identidad
Las dos arquitectas coinciden en que el entorno natural no debe ser entendido como un elemento decorativo o secundario de la ciudad, sino como parte fundamental de aquello que le otorga valor.
Para Carolina, que llegó a Santa Rosa después de haber vivido en Villa María y Córdoba, la diferencia se hizo evidente precisamente en la vida cotidiana. “Acá la tengo todos los días en el día a día. A veces también me pasa que está la montaña ahí, la ves, está el río, está el lago”, cuenta.
Esos elementos, advierte, tienen un valor que excede lo paisajístico. “Son los elementos que hay que valorar y cuidar porque si no estuvieran, ¿qué es lo que le da valor a esto?”, plantea. La respuesta aparece en múltiples dimensiones: “Tanto turísticamente, económicamente, visualmente, para la vida, para la salud. Es muy importante”.
La preocupación de ambas arquitectas converge así con uno de los principios que atraviesa el trabajo de Acción Urbana: pensar la ciudad desde la calidad de vida y no solamente desde su crecimiento físico.

Planificar antes de que el paisaje quede encerrado entre edificios
La discusión sobre el crecimiento urbano plantea una tensión central para Santa Rosa: cómo incorporar nuevos habitantes, infraestructura y actividad económica sin perder el paisaje y las condiciones ambientales que caracterizan al Valle.
Desde Acción Urbana, la respuesta no es oponerse al desarrollo, sino incorporar planificación y participación para definir sus límites y características. La propia Natalia Rosatti, arquitecta (M.P 1-10622) y creadora de Acción Urbana, lo sintetiza al advertir que el crecimiento implica una expansión permanente sobre el soporte natural y obliga a preguntarse qué territorio se quiere construir.

En ese marco, las voces de Bustos y Maggi agregan una dimensión fundamental: la defensa del paisaje no puede separarse de la identidad local ni de la calidad de vida. Para Aldana, se trata de preservar aquello que hace que una persona quiera vivir en Santa Rosa; para Carolina, de evitar que la ciudad crezca primero y que la infraestructura y la planificación lleguen después.
El desafío es que el desarrollo no termine convirtiendo en recuerdo aquello que hoy constituye el principal atractivo del Valle: el aire, el silencio, las visuales, el río, las sierras y la posibilidad de vivir en contacto cotidiano con la naturaleza.
Porque, como resume Bustos, “esas cosas se tienen que cuidar”. Y en esa tarea, las arquitectas plantean que la responsabilidad no pertenece solamente al municipio o a los profesionales: es una construcción colectiva de quienes habitan el territorio.
Más información: @accionurbana.calamuchita




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