
Indalecio, el tropillero de 4 años: la tradición gaucha que se aprende desde la cuna
Natalia Meli

Un legado familiar que se vive todos los días
La pasión de Indalecio por los caballos es parte de una herencia cultural profundamente ligada al campo y a las costumbres gauchas. Sus padres, Cecilia López y Tato Casas, crecieron rodeados de jineteadas, tropillas y festividades criollas, una vida que hoy continúa naturalmente en su hijo.
“Uno de chico también lo ha mamado”, cuenta Tato, emocionado al ver cómo Indalecio se mueve con total naturalidad entre los animales. Para él, no se trata de una actividad extraordinaria, sino de una forma de vida que el pequeño incorporó desde sus primeros pasos. “Él nació en esto, es de toda la vida”, resume.
La escena sorprende a quienes lo observan en las fiestas patronales: un niño pequeño guiando su propia tropilla con seguridad y entusiasmo. Sin embargo, en la familia aseguran que esa conexión con los caballos comenzó prácticamente desde la cuna. De hecho, Indalecio empezó a desfilar solo cuando tenía apenas un año y medio.

Criar desde el acompañamiento y no desde la obligación
Uno de los aspectos que más destacan sus padres es que la pasión nace genuinamente del niño. No hay exigencias ni imposiciones detrás de cada desfile o participación en las fiestas tradicionales.
“A él nadie lo obliga, nadie lo hace porque le nace a él, le gusta; y bueno, uno lo poco que puede lo ayuda y lo acompaña”, explica Tato. La mirada de Cecilia coincide plenamente. Para ella, más allá de la repercusión que genera ver a un niño tan pequeño desempeñarse en ese ámbito, lo más importante es observar cómo disfruta cada momento. “Es un orgullo”, afirma, destacando que la felicidad del pequeño es el verdadero motor de toda la experiencia.
Ese acompañamiento cercano, basado en el respeto y la libertad, construye un vínculo familiar donde la tradición no pesa como mandato, sino que florece como elección compartida.

Areco y Los Reartes, unidos por la misma identidad gaucha
La presencia de la familia en las fiestas patronales de Los Reartes también refleja el puente cultural que une distintos pueblos argentinos marcados por las tradiciones criollas. Desde San Antonio de Areco, considerado uno de los grandes símbolos de la cultura gauchesca del país, hasta el Valle de Calamuchita, la identidad rural aparece como un lenguaje común.
Para Tato Casas, esa conexión es inmediata. “Segundo Sombra y Areco también como que hermanan mucho”, señala, haciendo referencia al espíritu tradicionalista que comparten ambas comunidades.
En ese contexto, Indalecio representa mucho más que la ternura que genera por su corta edad. Su imagen arreando caballos resume la continuidad de una cultura que se mantiene viva gracias a las familias que la sostienen día a día.
Mientras el mundo parece avanzar cada vez más rápido, la historia de la familia Casas-López recuerda que algunas enseñanzas esenciales todavía se transmiten de generación en generación, con tiempo, paciencia y orgullo por las raíces.





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