De Calamuchita a Barcelona y un paso a paso en familia para alcanzar sus metas

Renata Cesaroni tiene 44 años y junto a su esposo, Hernán Horacio Parral (46), y sus hijos Gael (11) y Luana (5) decidieron ir en busca de sus sueños al viejo continente: desde hace 1 año se radicaron en España. En esta entrevista, nos cuenta cómo fueron los primeros pasos de esta experiencia, qué cosas valora de su nueva vida y qué extrañan de Calamuchita. A su vez, le pedimos algunos consejos para aquellos que están pensando en irse a vivir a ese país.

Calamuchitanos por el Mundo 06 de mayo de 2023 Analía Ríos - analiarioslocutora@gmail.com Analía Ríos - [email protected]
Renata Cesaroni y su familia en España
Renata Cesaroni y su familia en España

De Calamuchita a Barcelona

Primero vivieron en Villa General Belgrano y luego en Los Reartes, en su casa propia.  Radicarnos en el extranjero “fue un vago sueño que siempre habíamos tenido”, recuerda Renata, quien cuenta con ciudadanía italiana por la familia de su madre. “Yo ya había vivido aquí en España y me había podido insertar muy bien, tanto social como laboralmente,, así que siempre tuve deseos de volver para aquí y después del 2020, cuando todo nuestro emprendimiento se vio borrado por la pandemia, fue que tomamos la decisión”.

“Nos vinimos a España, a Barcelona, porque era la ciudad en la cual yo había estado anteriormente y porque tengo algunos familiares. Además, es una ciudad que me encanta y hay muchas posibilidades laborales”, nos cuenta, aunque reconoce que “como toda ciudad está colapsada, pero también está muy bien conectada y si te establecés en las afueras de Barcelona, con el metro y el tren podés ir a trabajar a pleno centro”.

Renata también remarca que la cultura (similar a la nuestra) y el idioma fueron factores importantes a la hora de elegir el destino. “También están Madrid, Valencia, que son las ciudades que más elegimos los argentinos  para para vivir”, nos aclara.

Renata Cesaroni y su familia en el aeropuerto

 

Aprender a soltar y estar dispuestos a adaptarse a todo lo nuevo

La Real Academia Española define el desarraigo como la “ausencia o privación de vínculos con un lugar o un grupo de personas”. Pero ¿cómo lo explica quien lo vivió en carne propia?

“Como digo yo: nos desnudamos frente al mundo. Yo siempre tengo esa imagen. La angustia me invadió el día que cerré la puerta de mi casa, sabiendo que no la volvería a abrir nunca más. Nosotros vendimos nuestra vivienda (de Los Reartes) para poder emprender este viaje y nos deshicimos de todo, dejando atrás también perros, gato, amigos, vecinos, juguetes…las cosas habituales y cotidianas de cada uno”, recuerda con nostalgia Renata.

“Siempre digo que cuando uno toma esta iniciativa lo más importante es tener siempre la meta en la cabeza. Siempre hay gente en el camino que se te cruza y te dice “No, pero bueno, fijate, quedate, el país esto y lo otro”…pero yo también había tenido la experiencia de vivir afuera y sabía lo se puede lograr, lo que se puede hacer. Hoy la situación está mejor afuera de nuestro país, lamentablemente”, opina con un dejo de tristeza. 

“El proceso de adaptación de aquí fue movilizador en todo sentido. En nuestro caso, pasamos de 600 metros cuadrados de nuestra casa en Los Reartes a un piso (departamento) de cuatro habitaciones con un baño, una cocina, un living comedor  y un pequeño balcón, en el cual vivimos ahora”, cita como ejemplo de aquellas comodidades que tuvieron que resignar en este tiempo. 

“Los primeros meses son duros, más cuando tenés hijos que te preguntan y a veces no tenés respuestas. Siempre a mis hijos fui con la verdad y les dije que este cambio era 100% por ellos, para un mejor futuro, para poder darles otro tipo de posibilidades; que era duro, que no iba a ser fácil y que había que adaptarse a una costumbre nueva, a un idioma también nuevo (porque acá se utiliza el catalán) y tengo que decir que estoy orgullosa de ellos porque a los meses de estar aquí ya empezaron a poder hablarlo”.

Renata Cesaroni y su familia en Barcelona

En cuanto a la vida social, aspectos básicos como el saludo también son motivo de adaptación. “Acá es raro que los chicos se saluden dándose un beso o un abrazo. También a nosotros, los adultos, nos ha costado, porque uno está acostumbrado a llegar a un lugar y saludar con un beso y acá no. La socialización, en ese sentido, no es tan amorosa como la nuestra”, nos detalla Renata. 

“No es fácil el desarraigo, es complicado. Para mis hijos fue muy duro porque siempre tuvieron una relación muy allegada con mis padres y con mis hermanas, y de repente estar acá solitos es muy movilizador”. Sin embargo, “el humano tiene esa capacidad de adaptarse y yo creo que cuando uno pasa por estas situaciones tan movilizadoras no te queda otra que ir adaptándote”, nos recuerda con una mirada optimista.

“Acá cuesta ganar el dinero,  pero después te rinde, entonces podés tener un futuro, proyectar. Nosotros nos decidimos a emigrar  para cambiar una realidad que nos estaba volviendo cada vez más tristes, y la pudimos cambiar, por eso me siento orgullosa. Había escuchado por ahí que alguien decía que nosotros cambiamos la situación económica pero perdimos los lazos sociales que teníamos en Argentina. Sin embargo hoy tengo unos muy buenos conocidos, a los cuales les agradezco por haberse cruzado en estos tiempos en mi camino y que,  en momentos en los cuales estábamos bajos de ánimo, nos hicieron sentir acompañados”, remarca, y a manera de anécdota, Renata recuerda lo ocurrido hace poco meses: “Vivimos el mundial de fútbol acá y nos parecía que estábamos en Argentina, porque somos muchos los argentinos que estamos fuera de nuestro país”.

Sin dudas, tener quien pueda recibirte cuando llegás a una nueva tierra es algo que se valora enormemente, por eso Renata agradece a sus familiares de allí que los ayudaron desde un primer momento.

“El desarraigo siempre es duro, pero estamos agradecidos, tenemos trabajo los dos (en una empresa de transporte), mantenemos la casa que alquilamos, y aspiramos a tener nuestro piso algún día”.

Lo nuevo más preciado y lo viejo más añorado…

A la pregunta de aquellas cosas que valora de su nueva vida, Renata resalta el aspecto económico y la seguridad: “Puedo comprarme esto o comprarle aquello a mis hijos. Y también sentirme segura porque, si bien hay inseguridad (porque en todos lados existe), yo vuelvo del trabajo a las diez y media de la noche y camino sin ningún problema, voy en el metro, cuidándome, pero voy tranquila, sin pensar en motochorros o que van a venir a apuntarte con un arma”.

“Y después, la facilidad para lograr determinadas cosas, en el sentido que si vos querés comprarte un auto  lo podés hacer, tanto cero kilómetro como usado. O después de estar un año o dos, se puede tramitar una hipoteca para para tener casa propia”, nos remarca.

En cuanto a lo que extraña de Calamuchita, Renata detalla que “más allá de la parte sentimental de la familia, de los amigos, de las charlas con un buen mate, también extraño lo verde, las montañas, pisar el pasto; salir a la calle y saludarte con la gente. Y después la picardía, esa característica que tenemos nosotros los argentinos”.

“Tu país, es tu país. Y escuchás el himno de Argentina y se te eriza la piel”, admite en medio de tanta reflexión por lo intensamente vivido en el último año.

 Renata Cesaroni y su familia

 

Para quienes están pensando en radicarse en España

Le consultamos a Renata, qué les aconsejaría, de acuerdo a su experiencia, a aquellas personas que están pensando en irse a vivir a España: “Les diría que tienen que venir con papeles, ya que si no les va a costar mucho. Te puede ir muy bien o te puede ir muy mal y tenés que estar preparado para eso. También tenés que traerte un colchoncito de plata, porque es difícil alquilar sin tener una nómina (sueldo) aunque a lo mejor sí podés alquilar habitaciones en un piso (que se estila mucho en Europa), pero si vos alquilás tenés que empadronarte y si alquilás una habitación no lo podés hacer . Y empadronarse es importante para establecerte. Entonces todo tiene un circuito que es fácil pero lleva su tiempo”. 

Otra cosa que resalta es que son muy importantes los oficios. “Les diría que se preparen en electricidad, carpintería, estética, peluquería, depilación, por ejemplo, más allá de la carrera que hayas hecho, porque para ejercer hay que hacer la convalidación de los títulos, que lleva mucho tiempo. Conozco gente (y también yo misma) a la que le demoran dos, tres o cuatro años y a veces pasa que no se consigue la misma valoración del título que tenía en Argentina”.

Más allá de todo, la mentalidad y actitud de cada uno en esta situación sigue siendo clave, de acuerdo a lo que analiza Renata: “Para venir hay que estar preparados con la mente en positivo y pensando en que todo se va a lograr, que todas las piezas van a ir encajando para que tu meta, tu proyecto, tus sueños se puedan cumplir. Los sueños se cumplen y todo llega en el tiempo adecuado”.

“Con mi familia fuimos aprendiendo para proyectar una mejor calidad de vida y con ese propósito le damos para adelante, así que continuamos nuestro camino para, poco a poco y paso a paso, poder ir logrando todo lo que nos propusimos. Nuestra primera meta ya la hemos conseguido, ahora nos faltan dos metas más, así que vamos a eso, firmes”, 

“Pie firme, mente abierta, corazón fuerte para seguir avanzando con la meta siempre ante los ojos para meterle con todo, y así se consigue la estabilidad, las sonrisas, los buenos momentos”, concluye Renata con lo que sería la fórmula aprendida por esta familia calamuchitana motivada por sus sueños, aun sabiendo que el camino no es fácil.

 

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